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| Alumnos y profesores del colegio |

“El valor de las experiencias no están en el tiempo que duran sino en la intensidad con que suceden”.
“Cuanto más agradeces las cosas buenas que hay en tu vida, más cosas buenas que agradecer se te manifiestan”.
“El camino para recibir lo que no tenemos es ser agradecidos por lo que sí tenemos”.
¿Cómo describir lo vivido en este viaje?
Es complicado a veces explicar las sensaciones y sentimientos experimentados en algunas situaciones?
En mi caso, cuando me siento así, utilizo la herramienta de anotar en mi corazón lo primero que pase por mi alma, porque no hay mejor fuente para beber y saciarnos, de cuanto queremos expresar, a diferencia de cuando usamos la razón que viene dictada por nuestra cabeza.
Y entonces, siento una inmensa gratitud, en primer lugar al creador, por permitirme estar en esos lugares y aquí, queriendo expresar lo vivido, luego a mis padres, por haberme ofrecido a lo largo de mi vida valores que hoy son mi bandera, a mis seres queridos(familiares y amig@s) por todo lo que ellos me han aportado y por supuesto, a mi ángel de la guarda, Hddullita, mi fiel compañera espiritual y precursora de mi estado de conciencia.Y posteriormente narras cada una de las situaciones que has tenido la suerte de vivir.
Este viaje como otros que he realizado no empezó el día que salí hacia el Desierto, ni siquiera, las tres o cuatro semanas antes, a las que le dedique parte de mi tiempo y mi energía en preparar toda la logística, ni la semana de antes, que de día fui lo que soy, docente, y de noche me transformaba en contrabandista temporal, para cruzar día a día, mejor dicho, noche a noche, toda aquello que me fuisteis entregando con todo vuestro amor e ilusión para esos niñ@s.
Así, llego el día del traslado, e iniciamos el camino.A las siete y cuarto de la mañana recogí a mis compañeras, Yamila Mohamed Abdel-lah y Jenny, en este ilusionante viaje y un cuarto de hora después ya estábamos en ruta.
Pudimos contemplar un espectacular amanecer que nos aportó parte de la energía, porque la otra parte la recibimos del super desayuno energético que nos dimos en Nador, para realizar parte del trayecto.
Antes de salir, me puse en contacto con el Lhabib, transportista que llevaba el grueso de los enseres y material escolar que haríamos entrega en Khamlia y Oulad Ali. Me respondio y me confirmo en lo que habíamos acordado la noche anterior, que el saldria unas horas antes, ya que su vehículo era más pesado y no podría ir a la misma velocidad que el mio.
Nuestra primera parada la hicimos en Guercif, para estirar un poco las piernas, tomarnos un té o café e ir al servicio.
Sin perder mucho más tiempo, el justo y necesario, nos pusimos de nuevo en ruta, para llegar a la par a Outat el Haj, ciudad cercana a Oulad Ali, de dónde es Ahmed Achou y con quien había quedado para que recogiera parte de las cosas que llevábamos para l@s niñ@s de las aldeas cercanas a Oulad Ali.
Una hora y tres cuarto más tarde llegamos a Outat, y Lhabib, llevaba unos minutos esperándome junto a la gasolinera, mientras nos saludabamos llegó Hassan, primo hermano de Ahmed, con otra furgoneta, hicimos el trasvase de los enseres que irían para Oulad Ali y después de una despedida rápida, sabiendo que en dos días nos íbamos a volver a ver, de nuevo nos pusimos en carretera. Así, hasta Rich, donde paramos a comer.
El paisaje había cambiado por completo después de hacer un puerto de montaña de casi dos mil metros, situado entre Midelt y Rich.
Ahora la carretera iba casi paralela al rio Ziz, en algunas ocasiones encañonado, enseñándonos unos paisajes espectaculares, donde en las montañas se dibujaban unos pliegues increíbles, que te mostraban la fuerza y la belleza de la naturaleza.
Pasamos por el Túnel del Legionario (Foum Zabel), que se inauguró en 1928 y fue excavado por la Legión Extranjera. Se realizó con explosivos al no tener maquinaria para tal fin.
Este Túnel permitió, desde entonces, comunicar Midelt con Erfoud.
Volvimos a parar para llenar el depósito de Gasoil del 4x4 en una estación de servicios en la entrada de Rachidia.
Pasamos totalmente desapercibidos para la mayoría de los clientes de la cafetería que estaba abarrotada de gente, en gran número por hombres, que con mucho entusiasmo, fervor y apasionamiento contemplaban el encuentro de futbol entre el Barça y Real Madrid, el enésimo clásico. Por los gritos, se apreciaba que la gran mayoría era del Barça, que acababa de marcar.
Aprovechamos para ir al servicio y disfrutar de la pasión y emoción que transmitían estos hinchas del Barça, mientras nos tomamos unos tés.
Al salir de la cafetería, estaba atardeciendo, y el cielo tenía unos tonos esplendorosos.
Aún nos quedaban aproximadamente unos 140 Kilómetros. Ahora el tránsito era más lento, por varias razones, en primer lugar por la cantidad de lugareños que a esas horas se trasladaban a sus hogares, lo que hacía que aumentara el tráfico, en segundo lugar, la cantidad de todoterrenos que se trasladaban hacia el desierto y en tercer lugar, la noche.
Tuve que pararme después de algún cruce o rotonda, para que Lhabib, no se perdiera y a eso de las 20:45, llegamos a Khamlia, donde nos esperaba, en la entrada del pueblo Mohammed, el maestro del pueblo y responsable de que hubiésemos llegado hasta allí!
Después de un agradable abrazo de bienvenida, nos dirigimos hacia la escuela para depositar allí todo el material escolar, las ropas, calzados y juguetes que llevábamos en la furgoneta para l@s niñ@s del pueblo.
Sin perder mas tiempo, después de descargar, Lhabib volvio a ponerse en ruta para rehacer el camino que había realizado para llegar hasta alli. Un fuerte abrazo y el deseo de que le fuese bien en el camino de vuelta, fue nuestra despedida.
Mohammed (Khamlia Moha), nos invitó a un té saharaui, mientras lo degustamos, nos sentamos junto a una jaima, calentados por una hoguera, cuyas llamas de fuego, dibujaban imágenes increíbles y que te abducian.
Iniciamos una conversación muy agradable, explicandonos lo que había realizado hasta ahora, así como, sus proyectos futuros, sus ilusiones y el compromiso con los suyos. Hechos que me hicieron admirarlo!
Después de disfrutar de su presencia, su serenidad y su hospitalidad, nos despedimos hasta el día siguiente, que nos volveríamos a ver, para hacer la entrega de lo que le habíamos llevado a l@s alumn@s del colegio.
Khamlia:
Khamlia está localizado en el sureste de Marruecos, a unos 10 km al suroeste de Merzouga. Es un pueblo de 334 habitantes, de etnia Gnaoua y Bereber, situado al pie de las dunas de Erg Chebbi, las puertas del gran desierto del Sahara.
Los Gnaoua de Khamlia, son originarios del África negra, tienen una larga e íntima relación con el desierto. Sus antepasados fueron traídos como esclavos desde el África central y del oeste, a través del Sahara, en las caravanas que llegaban al sureste Marroquí.
Tras su emancipación de la condición de esclavos, subsistieron como nómadas, desplazándose regularmente en busca de terrenos favorables para sus ganados. Hacia los años 50 y 60 empezaron a asentarse, junto con nómadas Bereberes, en pueblos o en los crecientes centros urbanos. Así se fundó Khamlia, donde hoy en día la principal fuente económica es la agricultura, la ganadería y, últimamente, también el turismo.
La gente del pueblo es cálida, amable y tranquila, y debido a su cultura musical, sus costumbres sociales y sus tradiciones ocupan un lugar único en Marruecos.
La música en Khamlia es la esencia del lugar, a manos de la tribu Gnaoua. Es una música legendaria de nuestros antepasados, conservada desde su patria original y todavía tocada de forma tradicional.
Khamlia les invita a disfrutar de su hospitalidad, a tomar una taza de té y a escuchar la música Gnaoua descansando en el maravilloso paisaje del desierto, entre dunas y preciosos mantos de estrellas.
Erg de Hassilabied:
Nos fuimos para nuestro albergue, a descansar, ya que, al día siguiente íbamos a vivir una jornada super intensa, que iniciamos con la experiencia de recibir el sol subidos en lo más alto de una Duna.
Nos retiramos a nuestros dormitorios, después de una cena exquisita, pero antes, quedamos a las siete de la mañana para iniciar la jornada.
Nos despertamos a las seis y media con la compañía de una agradable lluvia, que tanto esperaban (dos años sin ver llover) y tan necesitada en esos rincones del planeta.
A pesar, de ello, decidimos ir a disfrutar del amanecer bajo las caricias de las gotas frescas que descargaban las nubes.
Regresamos al Albergue para desayunar y posteriormente nos fuimos a dar un paseo por las Dunas y lugares pintorescos de la zona.
Al salir de Merzouga, vimos una Jaima donde ofrecían leche de camella recién ordeñada, hicimos una pequeña parada para tomarnos un vaso recién ordeñada y pudimos apreciar su sabor y temperatura. Nos explicaron la cantidad de propiedades que tenía y el único inconveniente que tenía era que no se podía comercializar ya que no se podía mantener.
Estuvimos paseando y visitando diferentes lugares de la zona hasta las 13:00, hora a la que habíamos quedado con Mohammed, para vernos, comer y luego, ver a l@s alumn@s del colegio.
Mientras charlabamos con él, llegó un grupo de turistas a la aldea y los Gnauas, les regalaron una exhibición de sus bailes acompañados de las “Gnaouas” y los “Tambores”.
Tal como llegaron se fueron y volvimos a la tranquilidad que se respira en la aldea de Khamlia.
GNAOUA:
La tribu Gnaoua y su música, tiene sus orígenes en una zona conocida por ellos como Sudan. Este lugar corresponde a una gran parte del Sahara del sur y África central y del oeste; no es el Sudan actual. La tribu fue traída a Marruecos en la época de la esclavitud, donde fueron comprados y vendidos por árabes, bereberes y europeos.
Trajeron con ellos su cultura, sus costumbres y tradiciones. Este patrimonio se ha extendido a lo largo de tiempo, aportando muchas pinceladas a la cultura marroquí, particularmente se puede observar en Essaouira, donde los Gnaouas se han integrado plenamente en la sociedad. La música es el recurso más valioso del pueblo Gnaoua. Es la forma a través de la cual se comunican con el mundo.
Este sentido espiritual adquirió mayor importancia, en la época de migración forzosa a Marruecos. Traspasaban el desierto a pie, encadenados de pies y manos. Y en esas circunstancias los Gnaoua cantaban, para aliviar su sufrimiento y buscar la calma. El sonido de las cadenas, imitaba el sonido de los instrumentos, y siendo su condena era al mismo tiempo su desahogo. Siguiendo un ritmo acompasado liberaban su mente.
Con el transcurso de los años la tradición musical ha sido conservada, y heredada de generación en generación, junto con sus costumbres sociales y sus tradiciones particulares. Las canciones nos hablan de religión (hacen alusión al Profeta y a Allah), de la libertad, de los antepasados y del hogar ancestral en Sudan.
El festival anual del pueblo se llama “Sadaka” (que significa, “una ofrenda religiosa”), se realiza durante tres días cada Junio o Julio. En las semanas que preceden al festival, los Gnaouas piden donativos (en forma de azúcar, té, comida o dinero) a sus vecinos Bereberes y a otros pueblos cercanos. El primer día del festival se sacrifica un cordero, y los donativos recaudados se usan para preparar un cous-cous enorme para todos los presentes.
Se toca la música durante tres días, día y noche sin descanso. La intención del “Sadaka” es la de curar a los enfermos y obtener el Baraka, una bendición divina, a través de la música y la danza. Algunas personas llegan a entrar en un estado de trance transitorio, gracias al ritmo incesante de los tambores y los cantos, es una experiencia religiosa que también se practica en otras partes de África, Brasil y el Caribe.
Ofrenda:
Mientras estábamos allí, poco a poco, fueron llegando l@s niñ@s.
Lo que allí vivimos, creo que las imagenes lo dicen todo.
Añadir si acaso el esfuerzo que hace Mohammed por l@s niñ@s de su pueblo y por las madres de esos niñ@s, que en su día no pudieron recibir un mínimo de educación o conocimientos, por las razones que fueran y que ahora por las tardes reciben clases de alfabetización, mientras otras trabajan en talleres habilitados como telares, donde pueden realizar alfombras que ayudan a la precaria economía familiar.
Y así, después del reparto, cada niñ@, con la mochila a su espalda y la manta bajo el brazo, se fueron retirando hacia sus casas de adobe que hoy lucían un color muy especial, más rojizo por el baño de las gotas de la lluvia y por el color del sol que poco a poco caía en el horizonte y apenas ya calentaba.
Volví un instante a mirarl@s, iban sonriendo y contentos a mostrarles a sus familiares lo que les habían traído desde otro lugar y con otro tono de piel, tres embajadores de un grupo de amig@s, que quisieron escuchar la súplica de Mohammed, para que su hermoso proyecto siga adelante.
En un momento gire mi cara porque me sentía observado y vi una hermosa sonrisa dibujada en una de esas niñas que alzaba su brazo para balancearlo dibujando el saludo de despedida, su cara de vio aún más iluminada por los rayos del sol que incidían sobre ella, destacando el blanco de sus dientes que hacía aún más hermosa su sonrisa. Y con ella me quedo, con su pureza y fragilidad que la hacen aún más hermosa.
Así fue como nos despedimos de Mohammed, Arquia y Fátima, l@s tres maestr@s después de un fuerte abrazo y con el deseo de poder seguir aportando nuestro granito de arena para que esos niñ@s tengan un futuro mejor que el de sus padres y madres.
Ya se hizo la noche y nos pusimos en rumbo a Hassilabie, dónde íbamos a saludar en nombre de Mari Carmen a Ali, el propietario de Houston Guest, que nos recibió con mucha hospitalidad.
Luego nos fuimos a nuestro Albergue para cenar y acostarnos temprano, aún nos quedaban dos jornadas intensas.
Al día siguiente nos volvimos a levantar a la misma hora para poder disfrutar, en esta ocasión, de un amanecer bellísima sobre el Erg. La lluvia del día anterior había enfriado la arena del desierto y esta apareció con una niebla que le daba un aspecto diferente digna de echos excepcionales. Pudimos agradecer ese regalo de la naturaleza e incluso tomar buenas fotos.
Igualmente quizá el destino que me encontrará con un buen amigo y su familia, Pepe Monga, al que aprecio muchísimo desde que fue junto a Pedro Iglesias entrenadores de un magnífico equipo junior de Baloncesto de Melilla, haya en el primer lustro de los ochenta.
Regresamos al Albergue para tomar un buen desayuno, recoger nuestras pertenencias y de nuevo de camino hacia Oulad Ali, pero antes haríamos algunas paradas en el camino, como por ejemplo en la Prisión Portuguesa, que en su día fue una minipresa, desde donde pudimos contemplar buenas panorámicas y restos de diferentes fósiles, como ammonites, y otras especies marinas.
Desde allí y por pistas hasta casi Erfoud, para ir a su mercado a comprar unos sabrosos Dátiles que no tienen nada que envidiar a los Israelitas u otros del próximo oriente.
Siguiendo la ruta, paramos en diferentes miradores desde donde pudimos contemplar la majestuosidad del Palmeral del río Ziz, salpicado por diferentes aldeas, pueblos en ambas riberas del río.
Luego el Geiser que lleva fluyendo desde hace miles de años agua sulfurosas.
Y como no, la Fuente Azul del Mezqui, un oasis increíble al que van muchas personas y sobre todo niños a refrescarse en los días que aprieta el calor. Aprovechamos su tranquilidad porque era día lectivo en Marruecos para comer allí, como hemos hecho en innumerables ocasiones cada vez que bajamos o subíamos del desierto.
Y poco a poco íbamos robandole kilómetros a la carretera, disfrutando de los paisajes mientras la luz del sol nos acompañó y luego la lluvia hasta llegar a Oulad Ali, dónde nos esperaba ansioso Ahmed Achou.
Después de fundirnos en un abrazo fuimos a su casa dónde nos encontramos con otr@s amig@s y compañer@s, que habían elegido ese pueblo para pasar el puente y estar en contacto directo con la montaña y la naturaleza.
Oulad Ali Youssef
Geográficamente, la comunidad de "Oulad Ali" o "Ait Ali" (su verdadero nombre por sus orígenes bereberes, ya que son Ichelhien), es un pueblo que se encuentra en las montañas del Atlas Medio Oriental, rodeado de montañas, como el “Bounacer”, en lado norte, con una altitud de 3356 metros, y por el sur, por la montaña "Assrat".
Como ya he expresado en otras ocasiones, este lugar, y sobre todo su gente, humilde, agradable y sencilla, conserva la esencia de la hospitalidad marroquí. Donde no dudan en extender sus brazos para ofrecerte su mano, con la intención de que nuestros corazones se puedan saludar, deseándonos lo mejor e incluso invitándonos a que degustemos un delicioso té con ellos.
Igualmente sus niñ@s, dejan aquello que están haciendo para observarnos y a continuación regalarnos su mejor sonrisa, inocente y pura.
Oulad Ali es un lugar con una espiritualidad que transmite serenidad, tranquilidad, donde el tiempo y las estaciones las marca el sol.
Después de ubicarnos y ducharnos, tomamos una suculenta cena que nos calentó hasta el alma, porque hacia bastante frio, mantuvimos una conversación referente al cómo íbamos a repartir las cosas al día siguiente en los diferentes colegios elegidos en esta ocasión para dotar a sus alumn@s de diverso material escolar tan necesario para su formación así como de guantes, gorros y algo de ropa que les alivie del frío que suele hacer a lo largo de todo el invierno.
Y así fue como lo hicimos al día siguiente. El día volvió a amanecer lluvioso, pero nos pusimos en marcha, después de tomarnos el desayuno que nos había preparado Ahmed.
Tuvimos que hacer dos viajes para subir las cosas hasta el primer colegio y dónde acababa la pista.
Allí hicimos entrega a las maestras del material que teníamos reservado para sus alumn@s y Ahmed contacto con Soukaina, maestra del colegio que estaba al otro lado del cañón e incluso a más altitud, para que mandase a los muleros a recoger el resto del material.
Una vez llegaron los señores con sus mulos, les ayudamos a cargarlos en ellos y junto a otra maestra y su niña a cuesta, se encargaron de portearlos hasta la escuela.
Nos despedimos de l@s niñ@s, así como de sus maestras e iniciamos el descenso hacia Oulad Ali y luego hacia Melilla.
Pero antes Ahmed nos invitó a comer un plato muy rico de la zona, cuyo ingrediente principal es el gallo, como agradecimiento a nuestro gesto.
Así que nos sentamos a degustarlo, mientras disfrutabamos del sonido de los pájaros y la lluvia.
Y llegó el momento de la despedida, uno se va con la sensación de haber hecho poco por todas las necesidades que hay en los lugares que pudimos visitar, pero uno no es Dios y debe quedarse con la sensación de que cualquier gesto es muchísimo más que mirar hacia otro lado y no hacer nada!
Besos y abrazos para tod@s l@s que habéis podido disfrutar de ese entorno y por supuesto para tod@s l@s que l@s disfrutéis con mis fotos!
¡Os deseo lo mejor, allí donde estéis!
Hasta pronto!!! 😘



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